La mañana siguiente Radda se encontraba en su taller, guardando todo aquello que él consideraba importante para el viaje. Al terminar, sale del taller y camina hacia la cocina. Ana lo esperaba ahí.
- Toma – dice Ana y le entrega un pequeño paquete envuelto en un pañuelo – Es suficiente para un viaje de ida y vuelta.
- ¿No crees que es demasiado? – pregunta Radda.
- No – dice Ana y apunta su mirada detrás de Radda, señalando a Ark, quien se encuentra guardando algunas cosas que también preparó para el viaje de la misma manera que Radda.
- Ark, no puedes acompañarme – dice Radda.
- ¿Qué? – Responde Ark sorprendido – ¿Por qué no?
- Es un viaje peligroso y hay una posibilidad de que sea solamente de ida.
- ¿Y eso qué? – dice Ark confiado – He pasado por suficientes cosas en mi vida como para comenzar a tener miedo. Estoy muy agradecido con usted y con la señora Ana y siempre les estaré en deuda, pero no existe razón por la cual no pueda acompañarlo.
Radda mira a Ark mientras piensa en que hacer. Conoce a Ark y lo terco y estúpido que puede ser y sabe que no desistirá de su decisión.
- No te preocupes – dice Ana a Radda – Estaré bien.
- Pero… – dice Radda tratando de negarse pero es interrumpido por Ana.
- Pero nada. Sabes que estaré bien. Se que es lo que tengo que hacer, y Ark será de mayor utilidad si va contigo. Ya verás que todo saldrá bien y cuando menos te des cuenta nuestras vidas volverán a la normalidad.
Sin poder convencer a Ark o Ana, Radda continua preparando todo lo que llevará para el viaje.
Después de un par de horas, Ark, Radda y Ana se encuentran en las afueras de Goloro, cerca de un viejo molino. Ese molino indica el inicio de todos los caminos.
- Cuídense – dice Ana – No hagan nada tonto o innecesario, y esto se los digo a ambos.
- Estaremos bien señora Ana, prometo cuidar del maestro Radda en todo momento.
Radda hace un suave gemido de inconformidad por que Ark dijo. Ana solo sonríe.
- Espero recuerdes siempre el estado de ánimo que tienes en este momento Ark – dice Radda – Quizá algún día te salve la vida y la de otros.
- ¿Cómo podría salvarme la vida? – Pregunta Ark.
- Cuando llegue el momento lo entenderás Ark – dice Ana – Solo se paciente, el tiempo siempre descubre toda respuesta.
- Es hora de irnos – dice Radda – Debemos recuperar tiempo. Tenemos que llegar a nuestro destino lo más pronto posible, así que será un viaje cansado.
Ark comienza a caminar energéticamente, emocionado del viaje, y deja un poco atrás al maestro Radda. Radda aprovecha la distancia entre Ark y él y se detiene para volver a mirar a Ana. Ella lo ve, asiente con la cabeza y sonríe. Radda entonces sigue caminando.
Después de varias horas caminando sin parar, el sol comienza a sumergirse a la distancia en un océano de pasto verde. Planicies extensas que dan la impresión de ser infinitas, cubiertas de un pasto de un verde que pareciera que alguien cuidaba de él.
- Por cierto maestro, ¿A dónde vamos?
- Nos dirigimos al puerto de Layn. Será nuestro primer punto a revisar.
- Entonces será un viaje largo… – dice Ark con menos ánimo.
- Que en verdad desearía ya estuviéramos al final y al mismo tiempo, que jamás haya comenzado.
- ¿Por qué lo dice, maestro?
Radda se detiene y parece que responderá la pregunta de Ark, pero no lo hace. Ambos guardan silencio por algunos segundos.
- ¿Maestro?
- Es solo una sensación – dice Radda justo después de que Ark rompiera el silencio entre los dos.
Radda continúa caminando. Ark lo sigue pocos segundos después al salir de la confusión que su maestro le había causado.
Pasa varios minutos nuevamente en silencio, hasta que Ark nuevamente rompe su barrera.
- Maestro, noté que guardo muchas cosas antes de salir, pero no nos equipamos con suficientes armas. No digo que las vayamos a necesitar o que las queramos usar pero…
- Nos equiparemos al llegar a Layn. Traigo conmigo un poco de dinero que nos ayudará en el viaje.
Radda saca una pequeña bolsa, la abre y muestra su contenido a Ark. Unas escasas diez monedas de oro ya hacen en el fondo.
- ¿Eso es todo? ¡Ni siquiera tendremos para comer! – Exclama Ark un poco preocupado.
- Por supuesto que es todo. ¿Qué esperabas? ¿Qué dejara a Ana sin comer?
Ark pierde un poco el ánimo tras conocer una complicación más para el viaje.
- ¡Anímate! – dice Radda y le da una fuerte palmada en la espalda a Ark que casi lo hace caer – Ya veremos como resolvemos los problemas que se pueda presentar.
Ambos siguen caminando mientras poco a poco la noche comienza a caer sobre ellos.